Continuación Mi Propio Camino: Un Viaje de Madurez y Fortaleza
Continuando con mi historia, diré que mi madurez empezó desde pequeña, mucho antes de llegar a la juventud o adolescencia. "Mi madre" siempre estaba con depresiones, y me tocaba hacerme cargo de la casa, la comida, las compras, y todo lo demás, día tras día.
Al llegar a la adolescencia, la situación no cambió. Instituto, comida, casa, compras - no tenía tiempo para nada más. Mi época de instituto fue medianamente bien, a pesar de algunos altibajos. Me costó sacármelo, pero lo logré con empeño y perseverancia, como se suele conseguir todo en esta vida.
¿Llegué a enamorarme? Si, , pero lo oculté. Tanto en el colegio como en mi vecindario, no era tiempo de relaciones. No podía salir ni con amigos ni hacer los trabajos del instituto porque "mi padre" era y es, además de franquista, machista.
Guardo un grato recuerdo del colegio, especialmente de los compañeros y profesores que sinceramente eché en falta en el instituto. Del instituto también guardo un grato recuerdo de los compañeros.
El instituto terminó y comenzó la etapa más dura de la vida: encontrar trabajo. Fue complicado, más aún con la sombre de "mi madre" que no me dejaba sola ni en las entrevistas.
No sé cómo, pero caí en algo parecido a la depresión, aunque no lo era. Visité al neurólogo porque me encontraba mal, no tenía ganas de nada y presentaba un terrible dolor de cabeza que no me dejaba vivir.
Para concluir y no alargar más el tema, diré que todo lo que ocurre en casa recae en nosotros. Toda esa mal energía fluye en nosotros, y lo que más me jode son las malas lenguas, incluso de la familia, que decían que si no trabajaba era porque no quería.
A mi, si a mí, me gustaría que esta sociedad en general, calzase mis zapatos y enfrentase todo lo que yo viví y sigo viviendo. Recalco, matizo y hago énfasis en que estoy orgullosa de ser quien soy y de todo lo que aprendí de la vida.
CONCLUSIÓN
La vida nos presenta desafíos que muchas veces no elegimos, pero que nos moldean y fortalecen. Mi camino no ha sido fácil, pero cada obstáculo me ha enseñado lecciones valiosas y me ha hecho la persona resiliente que soy hoy. A pesar de las dificultades, he aprendido a valorar mi fuerza interior y a encontrar orgullo en mis logros. La sociedad puede juzgar sin conocer, pero lo importante ese mantenerse fiel a uno mismo y reconocer el propio valor.
Nunca subestimen el poder de la perseverancia y la resiliencia. Cada paso en el camino, por difícil que sea, contribuye a nuestra fortaleza y a nuestra capacidad de enfrentar el futuro con determinación y coraje.

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