De la Oscuridad a la Luz
Hoy, 13 de enero, quiero hablar, expresar y comunicar un tema que sucedió hace años y que puede ser de gran ayuda para otras personas que pasen por la misma situación que pasé yo.
Como Seres Humanos que somos, como todo mortal, estamos destinados a cometer errores, ya sea por escapar de un entorno familiar o por seguir a nuestro corazón, que a veces está ciego y no entiende fallos ni errores. Este fue mi caso, que salí de Málaga para meterme en Malagón.
Aun sabiendo como era mi "marido", decidí irme con él. Gran error, pero el corazón estaba ciego, tenía una venda en los ojos. La verdad es que él era una persona que no estaba hecho para compartir la vida con nadie, y mucho menos para tener hijos. Le gustaba mucho la juerga y la bebida.
Perdón por ponerme primero, pero que no me respetase a mí lo dejaba pasar hasta cierto punto, pero lo que más dolía era que no respetase a las niñas. Faltaba a sus cumpleaños, si salíamos al parque o a la feria, recibía una llamada y perdía el culo para largarse, dejándome con las niñas tirada y las pobres llorando porque se iba.
En cierta ocasión, tuve que salir de mi habitación para invitar a los amigos a salir de mi casa, pues no era hora de estar molestando. Sufrí malos tratos, sí, psicológicos, de los que nadie ve, aunque hubo una ocasión en la que me cogió del cuello y apretó. Eso me dejó caos, por decirlo suavemente. Cogí miedo, si. Pero estaban las niñas, eran pequeñas aún, aguanté hasta que al menos la mayor tuviese más edad para que se diese cuenta de por qué dejaba al padre.
Entendí que estaba mucho mejor sin él cuando, con el dinero de Hacienda, se fue a su país para visitar a la familia. Yo estaba más tranquila, respiraba paz, no tenía que estar echando el seguro a la puerta de la calle para que no entrase.
Por mi cabeza pasaba la idea de divorciarme, no me animaba porque aún le quería (el puñetero corazón me la jugaba). En ese dilema de si dejaba o no pasaron meses, hasta que un día, cuando regresamos a casa mi hija pequeña y yo, sentimos a una chica en la habitación del padre. Ni que decir, la lloraera que se llevó la niña. Esta fue la gota que colmó el vaso.
Aunque me costó, inicié los trámites para solicitar el divorcio. Con todo esto quiero decir que no tenéis por qué aguantar malos tratos de nadie, sea de la índole que sea. Apartaros de sa persona lo más pronto posible para que la situación no se agrave a algo peor.
Conclusión: Reflexionando sobre lo que viví, me doy cuenta de la importancia de valorarnos a nosotras mismos y protegernos a nosotras y a nuestros seres queridos. Salir de una situación tóxica puede ser difícil, pero es un paso crucial hacia una vida más saludable y feliz. Mi esperanza es que mi historia inspire a otras a encontrar la fuerza para hacer lo mismo y buscar una vida libre de maltrato.
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#SuperarElMaltrato
#NuevaVida
#Valorarse
#RomperElSilencio

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